Cuento de viernes
Viernes, 12 Febrero 2010
Me quedé durmiendo, no dormida. El despertador sonó, abrí un poquillo un ojo, puede que no, silencié el despertador, comprobé que era una hora demasiado prudente para levantarme (en la cama me gusta ser imprudente), pensé en algo bello (a veces sueño que puedo controlar mis sueños) y remoloneé de cinco en cinco hasta 20 minutos.
Estaba enamorada de mi amiga. No hablaba. Sus ojos, en primar plano, eran igual de grandes, pero más vivos. Brillaban con un punto de tristeza melancólica, como pidiendo auxilio. Ofreciéndote un resquicio de accesibilidad que a veces tienen las personas demasiado perfectas. Lo que la hacía especialmente atractiva era precisamente eso, ése punto frágil, humano, el engaño de pensar que tú podías hacerla feliz. Sentía que la quería, de hecho la quiero.
Me desperté en paz. Conseguí levantarme. Tarde.
Post by MR.
Ilustración: Audrey Kawasaki







Deja un comentario...