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No es por ti, es por mí.Noemí Álvarez

A veces pienso en la relación que tenemos con la publicidad como si fuera una pareja. Cuando la conoces te enamoras perdidamente. Pasas el tiempo pensando en ella. Normalmente tu familia no lo entiende. Eres un bicho raro: trabajas gratis y te parece normal. Tus compañeros de trabajo se convierten en tus mejores amigos. Ella llena tus días y tus noches.

Al cabo de un tiempo empiezas a ver sus defectos. Un día te hace sentir genial, al siguiente te decepciona. Pero los buenos momentos superan a los malos, así que sigues entregado. Eso sí, vas necesitando más momentos para ti, porque sientes que te está absorbiendo la vida. Tu entorno sigue sin tragarla mucho, quizá porque les has dejado tirados más de una vez y más de dos por estar con ella. Ya no te molestas tanto en excusarla porque sabes que en el fondo llevan algo de razón.

Hay que superar crisis, solo que estas se dan día tras día. Es una caprichosa. Lo que le gustaba ayer, hoy le resulta aburrido. Y tú debes intentar averiguar lo que le gustará mañana o te dejará en la cuneta. ¡Con todo el tiempo que le dedicas y así te lo paga!

Entonces empiezas a dudar de si estáis hechos el uno para el otro. Quizá lo mejor sería separarse. Pero estás enganchado, aunque no lo quieras admitir. Necesitas salir de la rutina, recuperar la diversión, encender la chispa de nuevo. Y para lograrlo hay que esforzarse. Pero cuando algo te importa, haces lo necesario para que funcione de nuevo. Y resulta que cuando te vuelcas, la muy… te regala un momento de los buenos de verdad. Y te re-enamoras.

El mundo de la publicidad está formado por personas y para que la relación se mantenga todos debemos poner de nuestra parte. Las crisis se superan. Pero debe haber un equilibrio para que no termine en un “Tenemos que hablar”.

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Solo sé que no sé (casi) nada. Noemí Álvarez

La hoja en blanco es una prueba dura de superar. Enfrentarte al duro folio virtual y comenzar a escribir. Primero debes saber de qué vas a hablar. De publicidad, claro. Pero no estaría mal concretar un poco más. Intentas contar algo de lo que te pasa a ti. Por aquello de escribir de lo que uno sabe. Sabemos de horas de trabajo, unas cuantas cada día. De briefings con timings imposibles, un clásico. Y a veces pecamos también de creer que sabemos. Somos así, un poco listillos.

Nos lo sabemos todo: el vídeo más visto en YouTube, la última aplicación para el Iphone, una tecnología que puede quedar muy pintona en la próxima campaña... Lo que ocurre es que pensamos que el ciudadano medio, ese al que dirigimos el mensaje, ha visto lo mismo que nosotros. Y nada nos parece lo suficientemente rompedor. Sentimos orgullo de nuestras ideas, lo cual no significa obligatoriamente algo malo, pero debemos hacer un ejercicio de empatía. No hacemos publicidad para publicitarios. Hacemos publicidad para personas normales que ven nuestros anuncios como interrupciones al programa que están viendo que, en el mejor de los casos, les da un descanso para ir al baño.

Cuando nos dicen que un anuncio no se entiende, antes de despreciar la opinión de alguien que “no tiene ni idea”, deberíamos probar a darle cierta credibilidad. Es difícil dar un paso atrás e intentar mirar de nuevo algo que para ti es obvio, pero antes de quedar en evidencia, estaría bien hacer este ejercicio. Una opinión no deja de ser una opinión, pero puede que no siempre el otro sea el que está equivocado. Es una pequeña lección de humildad, quizá no tan asumible para nuestro ego, pero muy valiosa para nuestro trabajo. No lo sabemos todo, pero podemos decir que al menos sabemos rectificar. Y eso, es de sabios.

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